He tenido una pequeña revelación, y de ahí el que escriba esta entrada a altas horas de la noche. Me he levantado de la cama y corrido hacia mi ordenador para no desperdiciar ni una pizca de lo que mi mente ha decidido mostrarme. Esto ha consistido en entender mi obra, breve, pero obra a fin de cuentas, como una escalera.
Daba vueltas en el colchón meditando sobre la idea de que algunas de mis entradas recientes (y no tan recientes) son pasivas, frías, faltas de vida y de la chispa que caracteriza a mis buenas reflexiones. En esta tesitura he comprendido que la trayectoria de todo escritor, bloguero o pensador (incluido yo en uno o más de esos grupos) debe ser como una escalera: primero se construye lo que luego se pisa para ascender. Es decir, renegar de aquello que se hizo en el pasado, al tomar conciencia de su inmadurez y su falta de calidad, como método para progresar en tu propia línea. ¿Acaso no renegó Mercé Rodoreda en su madurez de sus "novel·les de joventut", a pesar de que estas fueron las la dieron a conocer en sus inicios como escritora?
Y matizo, no consiste en aborrecer toda tu obra anterior, sino en tomar conciencia de sus fallos y defectos y, así, asumir un mayor grado de madurez y "perfección" (si es que ese término es aplicable a este mundo) como autor.
Y vuelvo a matizar, que escriba estas líneas no quiere decir que yo ya lo haga, sino que he comprendido que algún día deberé pisar sobre esta fase de mi "obra" para poder acceder al siguiente peldaño, incluida, tal vez, esta misma teoría.
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